Cuidando la vida: Matriarcado.

“Me siento diferente a mis compañeras. Unicamente piensan en encontrar un hombre y casarse, algo que no puedo comprender.”

Ru Geshina, mujer mosuo (Tibet)


“Volverme rica, para qué sirve eso”
Matriarca mosuo.

“Las mujeres han de exigir primero su derecho. El respeto vendrá después.”
Rebecca Lolosoli, de Umoja (Kenia)
El matriarcado es un término que se aplica a las sociedades en las que existe un predominio de la autoridad femenina en aspectos importantes de la vida privada o pública. Pero no debemos confundirlo con una sociedad opuesta al patriarcado, ya que nunca se ha demostrado que haya existido ninguna sociedad de éste tipo.
No existe acuerdo sobre lo que debe llamarse matriarcado, algunos confunden estos términos con los de matrilinealidad y matrilocalidad.
Una organización matrilineal, es donde el hijo es identificado en términos de su madre, en lugar de en términos del padre, existen muchas sociedades tribales que se organizan de esta manera.
Matrilocalidad, es la organización de las sociedades en donde la autoridad maternal se basa en relaciones domésticas, correspondiéndole al esposo unirse a la familia de la esposa y no al revés.
Así el matriarcado seria una combinación de los factores de matrilinealidad y matrilocalidad, sociedades en las que la mujer estaría a cargo de los bienes de la familia, lo que le otorga a la mujer una fuerte posición dentro de la familia.
La aldea Umoja.
Hace 13 años, un grupo de mujeres en Kenia,  creó la aldea de Umoja que significa “la unidad”, en el idioma swahili. Fue creado en un terreno no deseado, en las grandes zonas secas de las praderas.
Rebecca Lolosoli es la matriarca de un pueblo sólo para las mujeres. A los13 años de edad fue obligada a casarse con un hombre que le triplicaba en edad. Violada y abandonada a su suerte, supo luchar por sus ideales y crear un lugar de comprensión en la nada.
En Umoja,  lo que empezó como un grupo de mujeres sin hogar en busca de un lugar donde sentirse protegidas del maltrato, se convirtió en una aldea dirigida completa y exclusivamente por mujeres. Seguras de sí mismas, se decidió que los hombres no se les permitiera vivir en su aldea circular, delineada de barro y estiércol.
Alrededor de 40 mujeres viven aquí, pudiendo crear un centro cultural y camping para los turistas que visitan la vecina Reserva Nacional de Samburu. Con los beneficios obtenidos han conseguido repoblar y florecer la zona, incluso han podido contratar los servicios de varios hombres para transportar leña, tradicionalmente en Kenia el trabajo de la mujer.
Los hombres de su tribu comenzaron su propio pueblo y a menudo realizaban actividades de vigilancia y espionaje sobre las mujeres, pensando que esta arrogante idea tenía los días contados.
Lesinik Sebastian, es el jefe de la aldea principal de los hombres, describe la clara división que vio entre los hombres y las mujeres. “El hombre es el jefe”, dijo, “La mujer es el cuello”. Un hombre no puede tener, lo llamaremos asesoramiento  de su cuello”.
Sin embargo, las mujeres gracias a los ingresos procedentes de los campings y su centro cultural, donde se venden artesanías, fueron capaces de enviar a sus hijos a la escuela por primera vez, en cambio los hombres en la aldea trataron de construir una oferta turística similar pero no funcionó.
La matriarca Rebecca Lolosoli, fue incluso invitada por las Naciones Unidas para asistir a una reciente conferencia mundial sobre el “empoderamiento” de la mujer en Nueva York. Luego le siguieron hasta la pequeña aldea de Kenia; tomaron unas fotos, y atestiguó todo lo que ella había narrado. El reportaje dio la vuelta al mundo.

Así, el poblado actualmente cuenta con una fama tan sólida que mujeres de toda Kenia se acercan a él en busca de ayuda o simplemente consejo.

Últimamente, los hombres del pueblo han admitido la derrota. Estos ya no están tratando de atraer turistas. Algunos se han mudado a otro lugar. Otros han tenido problemas para casarse, porque algunas mujeres en la zona están tomando el ejemplo de Lolosoli. Lesinik confiesa “Ellas han tenido éxito de verdad”, “Ella está cuestionando lo más profundo de nuestra cultura. Ese parece ser el asunto en estos tiempos modernos… las mujeres que causan problemas como Rebecca.” y en aire receloso añade:”Tal vez podamos aprender algo más de nuestros cuellos”.
La tribu Mosuo.

Los Mosuo viven una región que estaba aislada del resto del mundo hasta la década de 1970. Este grupo de 40.000 personas viven bajo las leyes del matriarcado.

El aislamiento de la región del lago Lugu (situada en las provincias de Yunnan y Sichuan, en la parte oriental de Tibet) ha permitido que el sistema de línea materna floreciera y perdurara. Su región fue conquistada por los ejércitos de los emperadores de China, pero los Mosuo no han adoptado los patrones patriarcales chinos y no fueron forzados a hacerlo debido al lugar remoto en el que viven (hoy dia para llegar hacen falta 9 horas en jeep).

Se trata de una tradición nacida hace miles de años, cuando era normal el matriarcado en la China rural, según dicen los antropólogos. Es, quizá, el legado de una época en la que era frecuente que los padres murieran en guerras, vivieran como nómadas o fueran monjes budistas que habían hecho voto de castidad y, por consiguiente, no iban a reconocer a su descendencia. En ausencia de los hombres, las mujeres recogían las cosechas, daban de comer a las familias e imponían las normas.

Como en otras comunidades matriarcales, no hay violencia; son comunes el buen trato y la hospitalidad. Entre los Mosuo no tiene ninguna palabra para los conceptos de “asesinato”, “guerra”, “violación” o  “cárcel”

Ellas son las únicas propietarias. La herencia se transmite de madre a hija, lo que implica que en la región no existen hombres con casa propia.
El apellido de la mujer identifica los lazos de sangre. En cada una de las familias hay una matriarca y es la figura de más alto nivel en el clan.

Los miembros del clan eligen a una mujer de un grupo de hermanas para ser la matriarca. Con la ayuda de sus hermanas, ella cuida de los asuntos económicos y sociales de la clan-casa; es la administradora de todas las posesiones del clan: la casa, los campos, los animales domésticos y el alimento, así como los caballos, que son utilizados sobre todo por los hombres del clan, de sus hermanos y de los hijos.

Los hombres carecen de responsabilidades, trabajan mucho menos que las mujeres y pasan la mayor parte del tiempo reunidos con sus amigos o realizando las tareas que le son asignadas por la matriarca. Están a cargo de la ganadería y la pesca; aprenden estos oficios, de sus tíos y más hombres de la familia tan pronto como tengan la edad suficiente.

Pero si necesitan dinero para lo que fuere, y tengan la edad que tengan, deben pedírselo a sus madres o, en su defecto, a sus hermanas. Cuando se les pregunta cuál es la razón para que sean ellas las que manejen la economía responden con naturalidad: “Son mucho más capaces y no gastan en cualquier cosa”.

No es una ginecocracia porque las mujeres no ostentan la autoridad política, sólo la familiar. A nivel político, sorprendentemente delegan tal responsabilidad en un hombre, a quienes ellas eligen anualmente para mantener el orden y actuar de portavoz de la comunidad.
Es curioso ver cómo las propietarias de la autoridad familiar depositan a su vez la autoridad política en un hombre. En esta reciprocidad está el equilibrio. El hombre sirve a la comunidad porque se siente parte de ella.

El grupo familiar está formado por una mujer, sus hijos, su madre, sus hermanos, sus hermanas y los hijos de esas mismas hermanas.
No existen los maridos.
 
No existe el matrimonio. Los hombres y las mujeres nunca viven juntos; el hombre se encuentra, por las noches, a solas con su amada. No los unen el dinero ni los hijos -que siempre se crían en casa de la madre-, ni siquiera el sentirse parte de la misma familia. Se mantienen enlazados sólo por el afecto, así que cuando éste desaparece nada los liga y se separan.

Casi sin excepción, los hombres siguen viviendo, incluso después de ser padres, en casa de su madre, y ayudan a criar a los hijos de sus hermanas.
“Cuando éramos pequeñas, nos enseñaron a que tratáramos bien a todo el mundo”, afirma una Mousu. “Nunca sabes quién puede ser tu hermano”.
Muchos de los habitantes de la aldea sólo conocen a su madre y poco les importa saber quién es su padre. No por desinterés, sino como producto de un rasgo cultural. La única figura masculina en la familia que puede ocupar algún lugar relevante es el hermano de la madre.
El hombre mosuo tiene, pues, que ejercer dos papeles: el de tío en el clan propio, donde se ocupa de los sobrinos, y el de padre en la familia de la mujer a la que ama, en la que no es libre de hacer lo que quiere.
Mientras, la nación india de Lakota (Sioux) se declara soberana y reclama para sí un modelo matriarcal.
Russell Means, un jefe activista defensor de la identidad propia de la República de Lakota, critica lúcidamente el patriarcado como un modelo de sociedad piramidal basada en el miedo.
“El patriarcado es una sociedad basada en el miedo, donde las reglas solo las dicta el hombre. Por lo tanto, no es equilibrada”

“Patriarcas es todo miedo. ¿Qué hace que el patriarca tenga más miedo? Es la mujer. Es por eso que durante más de 6000 años ha demonizado, deshumanizado, dominado, aterrorizado y controlado a las mujeres”

“Mi antepasado Luther Standing Bear escribió alrededor del año 1900: “cuando un hombre teme al bosque, quiere controlar el bosque, y lo que no puede controlar, lo quiere destruir.”

Fuentes:
Libro: “El reino de las mujeres”  de Ricardo Coler
 fuente:  blog de .
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